jueves, 13 de noviembre de 2014

Valoración de Inversiones (Damodaran): Capítulo I, Introducción

Pues he comenzado a leer el libro escrito por Damodaran sobre valoración de activos financieros. Es una versión escrita en el año 2001 si mal no recuerdo, pero independientemente del año, que puede parecer algo atrasado, el libro puede definirse como la Biblia de los inversores fundamentales (es decir, los que valoran empresas y negocios y tratan de dar precio a toda firma, cotizada o no). Es un libro complejo, largo (1.372 páginas de pdf), pero muy muy completo, y que si te gusta el tema merece la pena. También cabe comentar que está en inglés, lo cual es un problema obvio, pero por suerte con el paso de los años mi nivel de lectura en este idioma ha mejorado lo suficiente para entenderlo.


El capítulo primero (ahí está el link) habla de los conceptos más generales sobre lo que significa valorar empresas y sus aplicaciones para diferentes perfiles de inversores y analistas, y destaca además una serie de mitos respecto a la valoración fundamental de las empresas.

Antes de empezar, ¿qué significa valorar empresas? Aunque se explicará en capítulos posteriores, digamos que esta pregunta se responde básicamente con otra: ¿cuánto estamos dispuestos a pagar por algo? La respuesta para inversores que buscan rentabilizar inversiones (es decir, que pretenden ganar dinero y no simplemente controlar empresas o activos) suele venir ligada a lo que reciban al meter su dinero en ese activo. Por ejemplo, un piso que podemos alquilar a razón de 500€ al mes: ¿cuánto pagaríamos por él? Al año ganaríamos 6.000€ de alquiler, y en toda la vida del piso (¿75 años?) haría como unos 450.000€. Obviamente a esto le faltan muchos factores, como inflación, tasas de descuento de ese dinero… pero la aproximación a esto es entender que cuando yo adquiero algo para ganar dinero, lo que estoy comprando es un flujo de dinero, en este caso una renta mensual. Ya sea un piso, un bono, una acción o un terreno, cuando lo compramos pensamos que ganaremos dinero con él. En verdad, las ganancias vienen de dos puntos (y sigo con el ejemplo del piso):

-Las ganancias de capital, es decir, las ganancias provenientes de que el piso valga más caro que cuando lo compramos (porque la gente quiera comprar más casas y el mercado suba, porque la zona tenga un nuevo centro comercial/hospital y esto haga que valga más, etc).

-Los flujos de caja, es decir, la renta mensual que cobramos a las personas a las que se lo alquilamos. Estos también suelen variar a lo largo de la vida del piso, por la inflación, porque podemos subir la renta al haber mejorado la zona donde está ubicado, etc.

Valorando estas dos ganancias debemos pensar cuánto vale lo que estamos comprando. Ojo, cuánto vale, no cuánto cuesta. El concepto valor y el concepto precio entran aquí en conflicto. Tú por algo que vale barato puedes pagar una millonada, y viceversa. Por ejemplo, en el periodo de la burbuja inmobiliaria, si quería comprar un piso para alquiler, estabas pagando unas cantidades desorbitadas por algo que probablemente no valiese la mitad.

Este concepto se entiende muy bien en las empresas. Una empresa que cotiza en bolsa es muy sencillo decir cuánto cuesta: su capitalización bursátil (precio por número de acciones). ¿Pero cuánto vale? Lo que vale es básicamente todo el dinero que pueda generar el resto de su vida. Para andar por casa, ¿cuánto vale Coca Cola? Las Coca Colas que venda. Si queremos complicar el asunto, debemos añadir mil tipos de costes, ajustes y tener en cuenta tasas de descuento para estimar y valorar los flujos de caja y demás, pero eso no viene al caso. En general un analista fundamental (es decir, los señores que valoran empresas) tiene que entender de todo un poco, tiene que saber a qué se dedica la empresa, dónde vende, cómo gasta su dinero, cuánta deuda tiene… un poco de todo. Y cuando es capaz de saber cuánto vale una empresa, divide ese valor entre el número total de acciones, y ya sabe cuándo una acción esta cara o barata en función de lo que realmente vale.

Pero, por volver al Damodaran, ni estos modelos son perfectos ni exentos de fallos. Obviamente. Y aunque los modelos creados son bastante cuantitativos, es decir, les metes los datos y ellos te dan un valor de la acción, esto realmente también tiene un poco de subjetividad en el buen sentido. No se trata de solo meter datos, se trata de entender la estrategia de la empresa, de saber quiénes son sus directivos… y hasta de saber si sus trabajadores rinden. Todo repercute en la valoración de la empresa. Y para más inri, todo eso cambia continuamente, con lo que algo que hagas hoy mañana puede estar desfasado porque han sacado información más actual. Claro que esto es como todo, hay analistas y analistas, y algunos te dirán que pueden valorar todas las empresas del mundo con sus poderosos algoritmos y otros te dirán que la mitad no las entienden y solo van a invertir en aquellas que puedan comprender. En cualquier caso, lo que hay que entender es que la valoración no es exacta, es una estimación con una serie de factores dados que no implican un acierto seguro. Y además, como concepto muy importante, lo que no hace el análisis fundamental es decirte cuándo el precio de una acción va a alcanzar su valor. Tú puedes adquirir acciones a 1€ de algo que según tu modelo vale 10€, pero ese precio puede tardar en alcanzarlo años, porque sencillamente el mercado no compra ese valor. Uno de los ejemplos que suele aparecer en el mercado es Sacyr: todos llevan un tiempo bastante de acuerdo de que la empresa tiene mucho potencial alcista, pero otra cosa será que la empresa vaya a subir en breves. En este timing suelen ser bastante mejores los analistas técnicos, lo que pasa que un analista técnico suele saber mejor cuándo una tendencia comienza y cuándo termina, mientras que un fundamental sabe hacer stock picking, es decir, escoger buenos valores para tener en cartera. ¿Esto quiere decir que están enfrentados, como le gusta decir a todo el mundo? Absolutamente no. El mejor amigo de un analista técnico debería ser un fundamental y viceversa. Si yo sé cuándo algo va a comenzar a moverse, quiero que me digan si la empresa merece la pena o es un chicharro. O si sé que algo está muy barato, ¿para qué comprar unas acciones que pueden estar planas meses y meses antes de moverse?

Aunque algo de esto no está en el libro de Damoradan, me parecen conceptillos para no financieros interesantes (aunque ahora que lo miro es una entrada larga y densa, y marea bastante). En cualquier caso, espero que guste a quien la lea.


Jesus Burgos Lobo
Semper Fidelis

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Bolsas de Asia I: Japón y China

Recientemente he tenido que hacer para el Curso Experto en Bolsa un análisis sobre las principales Bolsas asiáticas con otros dos compañeros, aunque por motivos de accesibilidad a la base de datos y el no poder dividir este de forma eficaz ha hecho que me encargase yo de él. Realmente debería haber sido sobre sus índices, pero era bastante complejo conseguir información de todos los valores, y hacerlo de la manera en que lo he enfocado me ha permitido además añadirle valor al trabajo al introducir la base de datos de Damodaran, que para quién no lo conozca y esté dentro del mundo de las finanzas recomiendo encarecidamente ver su web y toda la información disponible al respecto.
Entrando en el tema, cuando hablamos de Japón y China estamos hablando de los dos mayores países del continente asiático. Con datos a 1 de enero del 2014, Japón poseía, siempre según los datos de Damodaran, un total de 3.531 de empresas cotizadas para un total de 4’45 billones de dólares de capitalización bursátil. China, por otra parte, cuenta con 3.123 para un total de 5’16 billones de dólares. Por supuesto, en ambos casos la mayor parte de la capitalización está en manos de las grandes compañías. Es similar a lo que ocurre en España, aunque tengamos sobre 150 empresas cotizadas, ya solo mirando a las empresas del IBEX 35 tenemos grandes diferencias: Santander con 82.000 millones frente a Indra con 1.500. Por ejemplo, la primera empresa China es PetroChina, con 230.000 millones de dólares, y la 35 (similar a la posición que tendría Indra aquí), valdría 15.000 millones de dólares.
Antes de comenzar a mostrar algún dato añado que se trata de números puramente descriptivos, no tratan de explicar nada ni llevan asociada ninguna reflexión profunda. Es tan simple como contar una anécdota, o coger un poquito más de cultura general.
Y ahora sí, ya centrándonos, aquí tenemos las 10 empresas más grandes y los 10 mayores sectores de cada país. Empecemos por Japón:
Elaboración propia a partir de datos de Damodaran
Como podemos ver hay nombres que nos son conocidos a todos. La mayor empresa sería Toyota, la empresa de automóviles tal como la conocemos (aunque se dedica a más que eso). La cuarta es Honda, similar a Toyota, pero la tercera, Mitsubishi, no se trata de la firma automovilística, sino del grupo financiero. No quiero entrar en detalles porque llevaría hablar de ello entradas y entradas, pero Japón tiene enormes holdings empresariales, y a veces un mismo nombre, Mitsubishi, engloba también a grupos financieros y de otra índole. En cualquier caso, si de algo conocemos a Japón es por sus coches Toyota, Honda, Mitsubishi… Por tanto, no es raro que la distribución sectorial sea la siguiente:

Elaboración propia a partir de datos de Damodaran
Toda la industria automovilística supone casi el 10% del total, es decir, cerca de 400.000 millones de dólares. Asimismo, según la división propuesta por Damodaran, el sector de Auto parts, es decir, piezas para abastecer al sector automovilístico, son otros 3%, 140.000 millones de dólares aprox. Los otros sectores son más comunes, como la banca (y banca regional), retail (venta al por menor), etc. Se puede añadir también que el sector de la maquinaria (creo que hace referencia a los bienes de equipo) son otros 175.000 millones de dólares de industria cotizada. En comparativa con España, Japón es un país industrializado, potente y, aunque esté sumido desde hace décadas en una situación económica negativa, con fuerza de crecimiento. Las últimas medidas del Banco Central de Japón (BoJ, Bank of Japan), aunque supone un all-in (jerga de póker), quizás logren hacer despegar al país más occidentalizado de Asia.



Además de los datos de Japón, en esta entrada tenemos los números del gigante asiático, China:

Elaboración propia a partir de datos de Damodaran
Antes de nombrar a alguna empresa, hay que fijarse que las 10 más grandes empresas de China suponen un 25% del total de la capitalización bursátil de todas las empresas chinas. En Japón el acumulado de las 10 primeras supone un 18%. Esto viene a significar que la exposición del país a lo que le ocurra a las grandes empresas es mayor en China que en Japón, por lo que las grandes empresas son un poco más relevantes en el primero que en el segundo.
En cualquier caso, como se puede observar ninguna de las empresas chinas son especialmente conocidas, a excepción de la primera. PetroChina, petrolera como su nombre indica, se abriría paso entre una ristra de bancos. No sorprende que el gráfico de mayores sectores sea así:

Elaboración propia a partir de datos de Damodaran
El sector bancario es la principal industria, al fin y al cabo 1.300 millones de chinos tienen que tener su dinero en alguna parte. Cerca de 930.000 millones de dólares de capitalización bursátil viene representado por la banca, tres veces más que el segundo sector (petróleo y gas). Es complicado hacer más comentarios ya que China es bastante desconocido para mí (por no decir totalmente). Lo que sí puede comentarse es que en comparativa, Japón parece que es un país mucho más industrial y competitivo, y digo competitivo (aunque China sea el paraíso de los salarios bajos y, teóricamente, mayor competitividad) porque para poder tener una industria automovilística que venda millones de coches, camiones y motos al año en un mundo tan global y con tan potentes competidores necesitas ser de los mejores.

China y Japón, segundo y tercer países más grandes del mundo, son dos economías poderosas pero muy distintas. En tanto que el segundo es muy occidental, industrial y desarrollado, y podríamos hablar que se trata de un país maduro, China todavía posee un gran potencial, mucha industria que explotar y mucho que aprender, con fuerte crecimiento del PIB pero también grandes retos a los que hacer frente, como la polución y población.
Con esto termina esta entrada con algunos datos y gráficos, que no pretende ser nada más que eso, algo más de cultura. En la recámara tengo a Corea, Taiwán, India y Hong Kong, pero también otro gran reto autoimpuesto: leerme entero el libro de Damodaran sobre valorar empresas. Y si me atrevo, escribir entradas sobre ello, aunque de eso ya hablaremos.



Jesus Burgos Lobo
Semper Fidelis