sábado, 18 de octubre de 2014

Divagando sobre la MiFID

«La Directiva sobre Mercados de Instrumentos Financieros (MiFID por sus siglas en inglés), nace como respuesta a las crecientes necesidades de unas normas y leyes que protejan al pequeño inversor, especialmente aquel que por falta de conocimientos pueda ser objeto de intentos de fraude.
Es destacable el hecho de que antes del año 2008 no existiese una serie de leyes de estas características, puesto que lo único que destaca es una serie de comportamientos que, según la ética, deberían ser obligatorios y estar presentes en todo momento por parte de las entidades. El hecho de que sea Europa a través de dicha directiva la que señale esa necesidad es un factor delatador sobre las prácticas que estaban llevando a cabo el sector financiero.
Dejando este hecho a un lado, esta normativa es positiva, en tanto que trata de defender al inversor frente a malversaciones por parte de los gestores. Si bien es cierto que un mal gestor directamente no haría dicho test de idoneidad y simplemente le haría firmar el documento al inversor como que ha recibido dicha información (ocurrido en muchos casos durante las preferentes), esto parece más un hecho aislado que la norma en general, puesto que al fin y al cabo la gran banca no desea bajo ningún concepto ir contra la legalidad puesto que se juegan la reputación, mucho más importante para un banco que colocar este o aquel producto a un inversor. Por tanto, en la gran banca el éxito está asegurado, y sin duda no solo ayuda a defender a las personas que por motivos de edad y/o educación desconocen lo que están contratando y solo desean rentabilizar sus ahorros, sino que también puede hacer que parte de los inversores se interesen un poco más por conocer el funcionamiento de fondos o activos complejos.

La normativa podría ser tratada de forma más laxa en entidades de dudosa reputación, chiringuitos financieros y demás, pero como siempre, es imposible asegurar un éxito rotundo. Por tanto la directiva, a través de la legislación española, es un paso importante en la protección del inversor que desconoce el sector, aunque no debería ser el único. Una vez aseguradas las buenas prácticas generales, los siguientes pasos deberían ir centrados en terminar con, como decía, chiringuitos financieros y demás entidades que buscan aprovecharse de los clientes en vez de darles el mejor servicio posible».


Otras cosas del Curso Experto en Bolsa, hablando un poco de todo.



Jesus Burgos Lobo
Semper Fidelis

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